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El niño que salta en la cama

¡Bienvenidos a la serie de cuentos inspirados en la cotidianidad de nuestra vida!

{Basado en un saltacamas y sus chiquilladas reales}

Tiene cinco dedos que cuando los alza quiere decir que tiene cinco años. Mollerita negra cubierto por una gorra que le tapa la frente, ojitos color chocolate galleta, pies descalzos, pintoresco de mente y vestimenta. Es el niño que salta en la cama.

Es un niño como cualquier otro de esos niños saltacamas.  Como todo niño saltacamas, este niño es muy especial.

El niño que salta en la cama salta en la cama cual un saltacamas profesional. Pero antes de ser un saltacamas de camas de mamá, era un niño común y corriente.

Un día, el niño le pregunto a su mamá si podía saltar sobre la cama de su mamá para poder toper el techo. Su mamá no quería permitirle cometer una hazaña de tan grande gravedad. Se podría lastimar por saltar tan alto, se podría caer por saltar tanto, podría lastimar al colchón de tanto saltar.

Pero el niño insistió. Este saltacamas especial era amigo de Doña Perseverancia y le presento a su mamá a Don Nopasanada.

“No pasa nada mami, es divertido”. Acomodo almohadas por allí y por allá. El vaivén de sus brazos dibujaban preparación y determinación. 

Desafío a su mamá y se trepó a la cama. “Es que me gusta saltar, es muy divertido”.

El niño empezó a brincar.


¡Cuán feliz estaba mientras saltaba en la cama!

Su risa alcanzo el techo.

Traspaso el techo y se dirigió al Sol.

La mamá, sorprendida y algo molesta se le quedaba viendo a un costado de la cama. En lo que veía varios brinquitos, la risa del niño rebotaba contra el Sol y cayó sobre su rostro.

La mamá se contagió de risa….y de saltos.


No se cayeron, no se lastimaron. No pasó nada malo. El colchón se hundió un poco pero de lo contento. Estaba feliz que la alegría reposara en su rostro.

Ahora el  niño que salta en la cama salta en la cama porque su mamá le deja que salte en la cama de vez en cuando.

Aunque su mamá no le dejara saltar en la cama, el niño saltaría en la cama.

¿Saben por qué?

Porque el niño es muy buen amigo de Doña Perseverancia.  Y como su mamá ya conoce a Don Nopasanada, ella mismo se asegurará de que venga a hacerse presente para que lo único que pase sean saltos y risas rebotando contra el Sol.
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Un pequeño es capaz de enseñarle a su mamá grandes lecciones. Por más atrevida que sea la hazaña que nuestros hijos quieran cometer, con preparación, determinación y nuestro respaldo es posible que su camino sea más ameno.  Sin perseverancia no se puede llegar muy lejos, aunque sea hasta el techo.

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