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Niña de nueve años aprende inglés



Cuando llegue  a Estados Unidos a mis nueve años, lo que me causo más frustración era no saber inglés. Recuerdo las caras burlonas de mis compañeros cuando me decían algo y yo me quedaba muda. La inquietud y frustración de querer aprender eran tan grandes que incluso le pedí a mi papa que fuera a hablar con la maestra  del programa de ESL (English as a second language) de la escuela, porque “Leyendo libros en ingles  no  estaba aprendiendo nada, ella no me estaba enseñando nada”.

La maestra le explico a mi papá porque nos sentaba a leer libros que ninguno de mis compañeros entendía. Mi padre me obsequio su traductor eléctrico que trajo de Ecuador. Me quede en el programa y entre libro y traductor, yo misma iba a averiguando que significaba cada palabra. En el salón de ESL seguíamos leyendo libros y nos deteníamos para aprender una que otra palabra. 

Ese año de tercer grado descubrí mi amor por las letras…en inglés. La biblioteca se convirtió en mi lugar favorito y era tan bonito entender lo que decían mis compañeros y los maestros. Cuando leían la lista de asistencia ya decía “Here” e incluso me convertí en la traductora oficial de mis padres.  
Eso sin duda, es otro gran reto a la hora de aprender inglés. Si no se está expuesto al lenguaje en casa, puede ser un poco más difícil, en mi experiencia por dos razones: no tienes con quien practicar y nadie que te corrija. Sin embargo, a la vez esto me sirvió de inspiración. Yo quería ser la maestra de inglés de mis padres.  

Antes de que empezara el cuarto grado, nos mudamos. En mi nueva escuela me hicieron un examen de aptitud para determinar si era necesario que continuara en el programa ESL. Pase la prueba con una alta puntuación que indicaba que yo ya sabía inglés, por lo menos lo suficiente como para convivir con mis compañeros gringos y retirarme del programa. Los expertos coinciden en que un niño debe permanecer en un programa de ESl de 3-5 años. Yo no llevaba ni uno.

La verdad es que aún no entendía mucho. Creo que pase la prueba de suerte. Es distinto hablar el inglés  que escribirlo y leerlo. Yo lo leía de maravilla, pero hablarlo con todas sus pronunciaciones frenéticas era terreno con baches. 

Desde ese año no volví a ningún programa para aprender inglés y en pocos meses ya confiaba en mis capacidades. Estoy segura que lo que me ayudo a avanzar mis conocimientos fue estar expuesta más al lenguaje y practicarlo con más frecuencia. En un salón con compañeros que en su mayoría hablaban inglés, eso fue más fácil.

Hoy en día domino bien el inglés, pero como cualquier idioma, hasta el propio, siempre se sigue aprendiendo. Recuerdo con cariño a mi maestra boliviana que nos sentaba a leer lo que no entendíamos. Despertó en mí una gran inquietud y curiosidad. Sin embargo, hubiese querido participar más  en las clases normales como todos los demás sin necesidad de asistir a ESL. 

Años después entendí que no siempre es necesario que te enseñen, lo más valioso es aprender; que cada quien tiene su método y su ritmo, y que los I love You pueden ser tan bonitos como los Te Quiero. 



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~Lis

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