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Mi corazón quiere amamantar

A menudo se enfatiza la importancia del apoyo y la información para lograr una lactancia exitosa. Esto es vital a la hora de emprender ese camino de aprendizaje mutuo entre tú y tu bebé. Son la información y el apoyo que te ayudarán a  reconocer malestares como la mastitis, aprender cómo extraerte leche y cómo almacenarla, y sentirte cómoda a la hora de lactar, sea en público, entre familiares o en el trabajo. 

Pero otro factor que también se debería resaltar es el deseo e instinto maternal de la mujer. ¿Dónde se encuentra nuestro corazón de madre en cuanto a la lactancia? ¿Lo ves como un deber o un regalo?¿Disfrutas o reniegas? ¿Es responsabilidad o entrega? Al elegir la lactancia,  ¿Te guío tu instinto o la sociedad ? ¿Son más las preocupaciones del que será que las ilusiones del qué podría ser?  Este tipo de preguntas son esenciales, especialmente cuando te debates entre continuar la lactancia o descontinuarla.

No basta con que nuestra mente sepa qué hacer, nuestro corazón  necesita estar conectado a toda esa razón.   

Para mí, la respuesta a esa pregunta fueron una serie de afirmaciones. De no ser por esos pensamientos positivos, es posible que las preocupaciones me hubiesen consumido.  Taché las inquietudes.  ¿Y si se me seca la leche? ¿Y si no alcanza con lo que deje almacenado? Y le di la bienvenida a mis deseos maternales y mi instinto, mis deseos de querer una lactancia para mi nena.

Desde el embarazo decidí que iba a amamantar a mi bebé. La leche materna alimenta, protege, y ama; yo quería eso para ella. Quería que saciara su hambre y sed, que le protegiera de enfermedades y que nos regalara un vínculo emocional fuerte y bonito. Lo bonito era imaginármela entre mis brazos.

Cuando nació mi niña, ella confirma que su alimento seria la leche de mamá. Regrese al trabajo cuando tenía dos meses de nacida, porque mi estatus de madre soltera de dos guaguas no  me daba para más. Aceptar esto fue desalentador para mis deseos de tener una lactancia exitosa.

Pero, bastó con reconocer que amamantar representaba un privilegio y un derecho, para mi bebé y para mí, para dirigir mis ánimos en el camino en que nos encontramos ahora, el de una lactancia placentera. Con los senos de mi naturaleza y un biberón llenito de lechita de mamá como asistente, mi niña ha mamado leche materna por 13 meses, alrededor de seis como alimento exclusivo.


¿Y dónde se encuentra mi corazón en todo esto?
Cuando a los tres meses de embarazo me goteo un poco de calostro, ahí estaba mi amor por la leche. Ese día fui muy feliz de solo pensar que eso era una buena señal y que podría amamantar a mi bebé. Cuando cuido lo que como y prefiero las comidas nutritivas a las chatarras y al café, ahí está mi corazón. Las veces que se me hinchaban los pechos y dolía y en la alegría de ver botellitas llenas de leche, ahí también estaba. Cuando se me secaba la leche y fueron más las ganas de vencer los retos que desistir, allí también.  

Desde hace tiempo yo estoy nutriendo el compromiso que hice para el bienestar de mi bebé, con ella y con mi propio ser.  Parte de mi corazón está en la leche.  Mi corazón está amando a mi Flor. 


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